Eat me

Ramen 

Yokohama es la ciudad donde vivo. A tan sólo treinta kilómetros de Tokyo, y a tan sólo cuarenta minutos de mi casa. Por paradójico que parezca, aún estando en la misma área, las distancias entre la gran ciudad y su periferia, aquí, aquí sí, aquí mismito, son grandes y sumadas al calor (paso de seguir mencionando adjetivos que no hacen más que socarrar al personal) no hacen más que agobiar, y agobiar, y quemar mens in corpore. Infernal

Menos mal que uno está aquí para solucionar la papeleta y claro que sí, dónde se ponga un buen tazón de sopa Ramen o sucUdoneos que se quite el sushi (tópico no, lo siguiente). Resulta que hoy me he ido al fantástico “Museo del Ramen“, conocidísimo en ultramar (sois ultramarinos, como la tienda detodounpoco de mi barrio), pero que hoy traigo como algo exótico, para aquél que no conozca está maravilla caliente. Toma ya. Quién dice explicar, dice mencionar lo que apetece comerse unos cuántos fideos oyendo al de al lado sorberlos, sin cortarse un yen, y tener que hacer lo mismo y acostumbrarme por que resulta que es de buena educación; que al señorito le gusta la sopita, pues lo demuestra con una pequeña serenata a lo “Dama y el Vagabundo“. Una sopa extendida por todo Japón, que por consiguiente, en cada zona se cocina de una forma, de ahí la fantástica idea del “Museo del Ramen“, se capta la idea, ¿no?, para dar a conocer los diferentes guisos del mismo, (y por demostrar que se puede ser más freakie, claro que sí). Seguramente cabría la posibilidad de hacer lo mismo, con la paella, el parchís o el escondite, en cada sitio se hace de una forma y si no, que se lo digan a la niñería de los ochenta y noventa (mi generación), esos minutos interminables que hemos tenido que esperar en casa hasta que saliera el dichoso cinco en el parchís… no, no, a mi me lo enseñaron de otra forma, yo me sé otra forma de jugar, pues mira resulta que en mi casa se juega…, por lo que acabas enfadándote (“pues enfadate”) pues ya no juego. Propongo hacer un Manual Universal de estas tres cosas (por lo menos) para que se estandarize la norma.

Después de probar las ilimitadas formas de cocinarlos (al Ramen, no a mis amigos del Parchís), decidimos ir a hacer la digestión a una especie de Montaña Rusa, no no, ruleta rusa, eso, que no hacía más que girar y girar, cosa que es bueno, por que acelera la digestión y la posible… entro en terreno escatológico. Decido no entrar. Qué pequeño es el mundo desde la ventana de una noria que no hace más que girar, y girar y girar, (“Oye que te estás poniendo blanco”)

Decido no escribir más, para las posibles digestiones venideras.

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3 comentarios

  1. SIGUE CONTANDO Y NO TE CANSES. CUIDATE BESOS. MANDA UN MENSAJE DE FELICITACION A VILLAR POR SU CUMPLE, ES EL DIA TRES VIERNES.

  2. Tiene buena pinta el palto de la afoto. Con lo que me gusta a mi probar las comidas de ultramar… Me gusta la forma de comunicarte con tu amatxo (お母さん) . Por cierto, ¿las fotos son tuyas? si no ¿de dónde las sacas? y ¿has diseñado tú el blog? La verdad es que me da envidia, la cáscara de mis huevos es de papel de fumar y me rayo cuando no puedo materializar los diseños que rondan en mi cabeza.

  3. Los colores del fondo de la imagen del tazón son una pasada. Si has hecho tu la foto, enhorabuena, y si no, enhorabuena también por haberla elegido.
    A mi también me encanta la sopa. Me pasé gran parte de mi adolescencia sin probarla, y la he redescubierto ahora. Cada sorbo me remite a mi infancia.
    Un saludo!


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