Souvenir

Maneki Neko

Si hay algo importante después de venir de un largo viaje y durante una larga estancia son los regalitos que puedes hacer a modo “ahíestástú” vital mientras cuentas batallitas varias… Y lo más importante, dar con el regalo idóneo para cada tipo de persona.

Existe una teoría directamente proporcional que relaciona el volumen del susodicho con las ganas de facturarlo, con lo respetuosos que son los mozos del aeropuerto, que te lo cuidan todo, que si hace falta te joden rayan la roncatto roja, con lo bonica que es, pasando a parecer que vienes de safari… Entonces te aborda la duda existencial del “¿cuán grande es mi bolso de mano y cómo demostrar a todos que lo que llevas no es otra cosa que productos de primera necesidad…?” o quién si no podría vivir sin su katanita a modo de abrecartas para la vida diaria. Nadie. Lo sabes.

Total. Todo. Llegó todo en perfecto estado total. Me faltaba llevar pegado a mi mismo la etiqueta frágil cuál copa de cristal de Bohemia, pero bueno, creo que se sobreentiende que soy bien delicadito y no me hace falta aún… Y ahora llegaba la hora de ver las caras de los regalados… “Ayy que que que boni bo-ni-to, ¿qué es? – Pues es un Maneki Neko “Ahh pues esto yo lo he visto por ahí, por Japón y nunca he sabido pa’ qué…” -Claro, bueno tú póntelo, échale algún euro que otro y verás que de dinerito viene cómo caído del misimísimo Nirvana (¡siguiente!)

Esas caras no tienen precio

Shopping

Shock

He de reconocer que en Tokyo, si no tienes tarjeta de crédito no eres nadie, no tienes nada, aunque te lo dice un caprichoso empedernido sin ánimo de lucro. Pero siempre con control (si, si) La potencia sin control, no sirve de nada.

Hoy me he ido al fantástico mundo de Harajukuland con miles de fervientes colegialas mitad lolitas mitad góticobarrocas, con una estética entre, LoComíaLa bruja Avería, con tooodos los electroduendes juntos, claro que sí. Algo espantesco, mitad espantoso, mitad dantesco (todas mis alabanzas para ellas), pero y lo que disfruto… Teniendo en cuenta que son niñas con edades comprendidas entre los 13 y los 21 años aprox, sin contar las que rebasan esta línea entre la tontería de la edad y el “bonita que ya tienes una edad, quiítate esa “mierda” que estás hecha un espantajo” porque ellas lo valen, no tienen miedo a eso tan typical Spanish de: “Oye tu, si, la travelo, que los carnavales ya pasaron” No tardan en ponerse sus discretísimas prendas rosa fucsia a lo pijagrunge Lavigne (calaveritas de malota y corazoncitos con parches), leotardos raídos o, véase como ir en verano con el Fujitsu incorporado, además de unas plataformas que las elevan a la categoría de reinas dragón, con una buena dosis de extensiones infrarrojas, sin olvidarnos de ese maquillaje KISStch de ir a por la barra de cuarto al Super, historias de todos los días.

Sea como sea yo hoy me he dejado ver por Harajuku St.  para hacer el Shopping de mi vida, aunque teniendo en cuenta la cantidad de gente estupenda que hay por la zona, he de ir más a menudo.

Saldo del día: Unas gafas de sol únicas…

Para todo lo demás MasterCard

TQyo

Love

He de reconocer que Tokyo me gusta, es más, me pone. En términos de publicidad y marketing, si mi viaje fuera un anuncio y yo fuera el producto, mi eslogan sería “JAmePÓNe”. Así es, no apto para taquicárdicos. Y es que he estado en Ginza, el barrio más in del momento: in-alcanzable, in/m-pensable, in/m-presionante. El fashionvictim que llevaba dentro no dejaba de decirme: por Dior que caro todo…

Pues sí, me he dejado ver por la calles del barrio, al más puro estilo fashion street, visitando Chanel, Gucci, DiorLouis Vuitton, y otras tiendas del montón. Exhausto, exacto. Tomoko y yo miramos escaparates, -“Venga va entra conmigo“, le digo. Entramos. Tom no deja de mirar todo con cara de princesa cenicienta “todo es tan hermoso“, mientras me saluda con la palma de la mano en cuchara, pero sin plantearse en ningún momento que los zapatos con cristales incrustados de Gucci tenia que devolverlos a las 12 a.m. Yo, por el contrario, no pierdo el tiempo: entro, me hago el interesante y miro a una señora pastosa que estaba allí, así como por encima del hombro, haciéndome el in-teresante, haciendo el gil-ipollas. Patético lo sé, pero tenia que aprovechar. Ahí sólo me podían diferenciar con ella por el color de la visa, la suya Rondel Oro, la mía Rondel Verde, uuuhh.

Va por tí, Pretty Woman