J. Cash

Money

Hoy voy a hablar de los huevos de Japón, que menudos tiene, ¡que huevos traigo señores! Agosto, ese mes perezoso, aquél que muchos lo utilizan para no hacer nada o simplemente hacer de todo para nadar, por ejemplo. Yo reivindico desde aquí que no hay peor mes que éste, y la explicación es sencilla: cierran las tiendas que me gustan, el bar en el que siempre almuerzo decide irse a París por que ha encontrado una “ganga” de esas que sólo él encuentra; toda la gente en la que sueles claudicar en algún momento determinado, pocos pero lo haces cuándo no te queda otra, (tu banco, la TV en verano, la peluquerida) “no se encuentran disponibles en este momento“.Y es que digo una cosa, ¿por qué todo se jode a la vez y no te quedan más huevos que oir de tu banco…?: ” A ver, espera, sí, ¿de dónde me llamabas?, de Japónnn, ¿uy y qué tal?, ayy, ¿que hora es allí?, Mari que me llaman de Japón… ¿qué cosas tiene “esto” de la tecnología ehh?; y pienso, me tiene que tocar a mi siempre la cotorrrrra, ¡¡señora que esto corre!!

Me despierto con una llaga en la boca que parece que no sea tal, parece no sé, uno más en la família, ¡ainss que dolor!, todo por que el día del dichoso “shabusabhu” literalmente me escaldé la mucosa bucal. Y claro en la mesa no me voy a poner a reburgitar la susodicha comida y su ritual, aunque que coño, antes estan mis mucosas que todo el protocolo del mundo entero, ¡hombre ya! Me compro el Listerine con el color más fosforito que encuentro, y acabo encontrando un azul con tonalidades casi, ultravioletas, “a más fosforito más picará“, en efecto no sé que es peor.

Si sumamos a Yogui, la llaga, y el hecho de que misteriosamente mis tarjetas de crédito han dicho: “Basta Ya”  y no quieren funcionar, nos encontramos con un problema bien grande: “¿En qué pienso yo ahora (en qué me gasto yo el dinero ahora para olvidar) sino es en Yogui, Bubú y el afeminado del guardabosques”?

Al final la mujer del banco decide trabajar y dedicarse a solucionarme el problema, digo solucionar, por que, el problema no era mío, sino de los convenios de allí con aquí y por suerte todo vuelve a la normalidad con mis dineros. Lo celebro comprándome todo aquello que me gusta y, todo aquello que engorda en un corto espacio de tiempo (“¿por qué todo el mundo me dice que estoy adelgazando?”) No me lo puedo permitir, y menos aquí…

Y ahora digo yo, ¿por qué los huevos de Japón se rompen con tanta facilidad? La cáscara será Made in China, lo digo por qué ya van unos cuántos, y hoy, pa’ que contarte Avelarte

I don’t know…

Seguiremos informando

Shake Up

Earthquake

Después de la tormenta, siempre llega la calma. No, no funciona así. A pesar de encerrarme el finde  y de haber vivido mi primer tifón con un gran sufijo -illo, ya que no se pudo calificar así por esta zona, fue como una tormenta de verano made in Spain a lo Japanese o véase también como pasar una tarde de lluvia en alerta de tifón haciendo como que te enteras de las noticias de la televisión Japonesa mientras discutes, o te haces entender como puedes, si a la niña de El Mago de Oz,  se la tragó un tifón, un ciclón o un tornado. Yo creo que era la tercera, pero abro un absurdo debate para el que quiera entrar.

Total. Ayer salgo por primera vez a la calle. Calorazo, cómo no. Tuve que darme prisa por: a) intentar sudar lo menos posible y b) cambiar un billete en monedas ya que me habia quedado sin y la colada estaba a medio hacer… Suavizante, centrifugado y listo.

Ayer no fue un día normal. Estaba especialmente cansado, y eso que aquí, entre tu y yo, te digo ya, que fatigas las justas. Ayer era festivo nacional en Japón. Si, no me mireis así. ¿Qué?, ¿cómo?, ¿fiesta?, ¿allí también hay de eso? Si, fue el “Día del mar“, pero con una diferencia, SI se trabaja en supermercados, tiendas y centros comerciales. No me preguntéis por qué, pero era fiesta, en el calendario marcaba rojo.

Y es que no hay dos sin tres. Tras un largo día  festivo-laborable, que mejor que acostarse cómodamente en tu futón y sentir un nosequé (sensación rara no vivida anteriormente). Ciclones, festivos que se trabajan y para acabar, un pequeño terremoto, apenas insignificante, de la misma envergadura que “Chicho“. Si, el suelo moviéndose y yo, pensando: -“mierda otra la vez la anemia, me estoy mareando”

16 de julio, día mareante

At dawn

Sunrise

Vale. No llegué a subir al cráter.  Mareos, náuseas, dolor de cabeza, cansancio, aguejetas, falta de O2…, si, si, para los excépticos, el “Mal de altura” existe. Y mientras pensaba: “Nunca he subido una montaña, creo que no he hecho alpinismo en mi vida y si lo he hecho no era consciente, tengo miedo a los insectos con más de dos colores, pero a ver si ni si quiera me gusta el campo, anda haz el favor, da la vuelta y súbete de nuevo al autobus antes de… ” Se fue.

Me fuí con Bjorn, un sueco que he conocido en la residencia, y su idea de pasar una noche en la montaña me entusiasmó. Quería ver de cerca ese monte nevado que tantas veces había visto en postales. Pelado sí, más roca que otra cosa, es lo que tiene el verano.

Andamos, anduvimos, anduvieron, y sobretodo Bear anduvo, lo mío era un contínuo: “Rest, please” para descansar, y así durante 6 horas. Yo ya estaba hecho polvo al principio, no tardaría mucho en caer. Pero resistí. De las cinco estaciones o paradas yo me quedé en la octava, Fuji-sanseacabó.

Al día siguiente, para decepción de todos aquellos que subimos con la idea de ver el más maravilloso de los amaneceres, pasó lo inesperado, uyy niebla, que mala pata. Y yo en mi futón, calentito, a mi plín. Lo mejor de todo, el descenso.

Esta foto me la tomé durante un “Rest, please, Bear please”, cómo veis el amanecer es producto de Photoshop, para los que nos habiamos quedado con las ganas…

Sigo vivo, sin rasguños pero de insolación, rojiito.

Simétrico

Métrico

Si Tokyo tiene algo que la caracteriza es sin duda, el Metro, con sus particulares horas puntas, un espectáculo para todos los sentidos. Y es que hoy me he cogido, siete días después de aterrizar, un “alone-in-tokyoday”, o lo que es lo mismo un dia para perderme en Tokyo sin más compañía que yo mismo. 

El metro, a su llegada a la estación, me esperaba repletito de personitas medio dormidas, colegiales/as con su Nintendo DS, ejecutivos todos igualitos entre sí, todos perfectos, pero cómo a modo de tetris cada uno encajaba en el poco espacio que había. Magistral.

Veo el panorama. Suspiro. Me digo a mi mismo de coger el próximo. Suspiro de nuevo. Entro, y enseguida caigo en la cuenta que sudo, vaya, ellos no, perfecto. Me agarro de la barra y cojo una postura fácil, pseudocómoda, e intento no moverme. Eso es fácil

Se abren las puertas. Estoy en el medio, me gusta, en realidad no, no sé lo que me gustaría en ese momento. Siento que me muevo, sin quererlo, la gente quiere salir, no me extraña, yo sigo contando las paradas que me faltan, 14. Sigo sudando, ellos no, siempre es igual.

Llego al fín, Shibuya

Lucky

Lucky

Sigo vivo…
Llevo ya un par de dias lluvioso, como el tiempo, dejándome caer por los sitios, acostumbrándome a la vida aquí.
Como dice Mr. Google cuando buscas algo deseperadamente, en este caso mi maleta, “Voy a Tener Suerte”, eso espero…
¡NO ME LO PUEDO CREER! Acabo de entrar a la página web de British Airways…

¡Han encontrado mi maleta!
Increíble, ¡vuelvo a la Civilización!

Missing

Lost

Ya he llegado a Japon, pero sin mi maleta… se ha perdido.
Estoy perdido.